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ÁCIDOS GRASOS OMEGA-6 Y RIESGO CARDIOVASCULAR
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Los efectos saludables del consumo de ácidos grasos omega-3 son conocidos y aceptados por la comunidad científica, pero con los omega-6 se mantiene la controversia.

Los ácidos grasos omega-6 se han considerado, tradicionalmente, los promotores de la enfermedad cardiovascular por el hecho de ser precursores de determinadas sustancias relacionadas con la inflamación. Sin embargo, un artículo reciente publicado por la Asociación Americana del Corazón determina que los efectos negativos de los omega-6 no son tales. Es más, afirma que el consumo de un determinado porcentaje de la energía diaria a partir de ácidos grasos omega-6 (5-10%) reduce el riesgo de sufrir una enfermedad cardiovascular.

Al igual que los omega 3, los ácidos grasos omega-6, son grasas de tipo poliinsaturado, lo que quiere decir que tienen dos o más dobles enlaces en su estructura química. Los omega 3 y 6 más frecuentes de la dieta son:

  • Omega-3: alfa-linolénico, eicosapentaenoico (EPA) y docosahexaenoico (DHA).
  • Omega-6: linoleico y araquidónico, entre otros.

Es sabido que los omega-3 tienen un papel en la prevención de las enfermedades cardiovasculares y un efecto antiinflamatorio y hay un creciente interés sobre su rol en la prevención de algunos tipos de cáncer, en la respuesta inmunitaria, en la diabetes y en determinados trastornos mentales. Pero, ¿qué pasa con los omega-6?

Nuevas recomendaciones para los omega-6

En el ámbito de la nutrición y la salud cardiovascular, los omega-6 tenían, hasta hace poco, una considerable "mala prensa", por lo que se recomendaba una reducción en su consumo. Sin embargo, el pasado mes de enero, la Asociación Americana del Corazón publicó una revisión de más de dos docenas de estudios controlados y observacionales sobre la evidencia que relaciona los omega-6 con el riesgo de sufrir una enfermedad cardiovascular.

Su conclusión es que el consumo de al menos un 5-10% de la energía total procedente de ácidos grasos omega-6 reduce el riesgo de enfermedad cardiovascular, comparado con ingestas más bajas. El trabajo va más allá, y afirma que reducir la ingesta de omega-6 por debajo de estos niveles podría incrementar el riesgo de enfermedad cardiovascular, y no, como se venía creyendo, disminuirlo.

En resumen, la Asociación Americana de Corazón recomienda una ingesta de omega-6 de un mínimo del 5-10% del aporte energético total, o lo que es lo mismo, entre 12 y 22 gramos al día, dependiendo de la edad, el género y el nivel de actividad física. Eso sí, en un contexto basado en un estilo de vida saludable y adoptando unos hábitos alimentarios también saludables que incluyan un consumo bajo de grasas saturadas y trans.

No es difícil conseguir las cantidades recomendadas de omega-6 con alimentos habituales. Si se eligen estos alimentos se puede alcanzar sin dificultad las recomendaciones dietéticas de consumo:

La controversia

El debate acerca de los efectos perjudiciales de los omega-6 surgió debido a que el ácido linoleico y el ácido araquidónico, ambos omega-6, son el sustrato para la producción de eicosanoides, moléculas inflamatorias, vasoconstrictoras y/o proagregantes plaquetares, como la prostaglandina E2, el tromboxano A2 y el leucotrieno B4, que incrementan el riesgo de enfermedad cardiovascular.

Pero también es cierto que los ácidos grasos omega-6 elevan otros eicosanoides antiinflamatorios y antiagregantes (prostaciclina, lipoxina A4,11 y ácidos epoxyeicosatrienoicos), por lo que, tal y como afirma la Asociación Americana de Corazón, es injusto e incorrecto considerarlos sólo como ácidos grasos proinflamatorios y, por lo tanto, no cardiosaludables.

FUENTES ALIMENTARIAS

El alfa-linolénico se encuentra en los aceites de lino, colza y soya, así como en las nueces. El EPA y DHA están presentes en animales acuáticos (peces y mariscos) y en varias algas marinas. El linoleico se encuentra en los frutos secos y, sobre todo, en los aceites de semillas: girasol, maíz, cártamo, germen de trigo, pepita de uva, soya y cacahuate. Los alimentos que contienen grasas de origen animal proporcionan cantidades apreciables de ácido araquidónico.

Artículo publicado en www.consumer.es/alimentacion/