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La posibilidad de comer con mesura los alimentos preferidos, por lo general altos en calorías, puede ayudar a seguir una dieta de adelgazamiento. Las preferencias alimentarias y el valor de refuerzo, es decir, la motivación que se tiene para obtener los alimentos más deseados, son dos factores determinantes en el control y aumento de la obesidad.
Valor de refuerzo
Para ciertas personas, las golosinas son una tentación difícil de resistir. Las comen todos los días. A otras les ocurre lo mismo con una pastilla de chocolate, que ingieren siempre después de comer, como si fuera un ritual. Hay quienes confiesan una afición desmesurada por las pipas u otros frutos secos y no se sienten satisfechas si no los comen a diario. Cuando la porción que se ingiere es pequeña, la cantidad no tiene gran trascendencia. El problema surge cuando el pensamiento de no poder comer esos productos siempre que se desea genera ansiedad, un estado que se repite de manera habitual cuando se sigue una dieta.
La clave está en diferenciar entre privación total y moderación en el consumo. Los psicólogos advierten que la privación total puede aumentar el valor de refuerzo de un comportamiento así como la sensación de ansiedad.
En un ensayo realizado desde la División de Medicina Conductual del Departamento de Pediatría, en la Universidad de Buffalo (Nueva York), publicado en 2008, se analizó el valor de refuerzo hacia los alimentos preferidos. El equipo médico ofreció a un grupo de personas con un peso normal la posibilidad de comer su snack favorito cada día durante dos semanas. Los participantes sintieron que el aperitivo, tan deseado en un primer momento, perdía interés de manera progresiva. Les gustaba menos y mostraban menos satisfacción al comerlo.
CUESTIÓN DE QUÍMICA
Diversas investigaciones en neurobiología muestran la imagen del cerebro que controla la conducta alimentaria humana como una red de neuronas que incluye partes de la corteza cerebral, el hipotálamo, el tálamo y el sistema límbico. Esta red conecta las regiones del cerebro que dominan la percepción de las sensaciones y de los sabores (la corteza), con las que influyen en el refuerzo del valor de los alimentos (el sistema límbico) y las que regulan el apetito, el peso corporal y el balance energético (el tálamo y el hipotálamo).
La simple acción de comer, o tan sólo pensar en la comida, activa la liberación de neurotransmisores en un grupo de neuronas, mensajeros químicos del organismo, relacionados con experiencias agradables. Uno de estos neurotransmisores es la dopamina, considerada el principal neurotransmisor involucrado en el valor de refuerzo de los alimentos, aunque los mecanismos de acción todavía se discuten.
Se sabe también que el azúcar y, por ende, los alimentos azucarados y dulces, tienen efectos fisiológicos positivos, como la sensación de placer que se experimenta al comerlos, ya que aumenta la concentración de dopamina.
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