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 -ESTRÉS Y RIESGO CARDIOVASCULAR
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Varios y diversos estudios de la literatura médica han mostrado la asociación existente entre el estrés psicológico y la incidencia de la enfermedad cardiovascular. Tanto es así, que la magnitud de dicha relación resulta comparable a la observada con otros factores de riesgo más jerarquizados como ser hipertensión, obesidad y sedentarismo. Pero volviendo sobre la primera, la parte desconocida de la dupla stress-enfermedad coronaria resultan ser las vías y los mecanismos que las unen.

Sobre estas bases es que miembros del Departamento de Epidemiología y Salud Pública de Londres, Gran Bretaña, llevaron a cabo un estudio para determinar los factores implicados en dicha asociación. El trabajo fue publicado en la edición de diciembre de 2008 en la revista Journal of the American College of Cardiology (JACC). Los doctores Mark Hamer, Gerard J. Molloy y Emmanuel Stamatakis, a cargo del proyecto, estudiaron prospectivamente a 6.576 hombres y mujeres sin antecedentes patológicos con una edad promedio de 50.9 ± 13.1 años durante un período de aproximadamente siete años para intentar explicar los mecanismos por los que el stress psicológico aumenta el riesgo cardiovascular. Si bien existe consenso entre los profesionales que el estré psicológico (tanto estrés como depresión) aumenta significativamente el riesgo de desarrollar un evento coronario, la tendencia actual es dilucidar aún mejor las vías que median entre ambas para optimizar los blancos del tratamiento.

El diseño del estudio implicó una evaluación inicial o basal de los factores de riesgo de los participantes clasificados en psicológicos, comportamiento y fisiopatológicos. El primer aspecto, estrés psicológico, fue evaluado mediante la utilización del Cuestionario de Salud General (General Health Questionnaire ó GHQ-12), que consta de 12 ítems de autorespuesta en relación a la autoestima, solvencia en los problemas, ansiedad, trastornos del sueño, preocupaciones, etc durante el último mes. Las conductas y comportamientos habituales también fueron documentados consignando tabaquismo, alcoholismo, actividad física, etc. Finalmente, los estudios fisiopatológicos evaluaron niveles de proteína C reactiva, fibrinógeno, colesterol LDL, HDL y total, obesidad (índice de masa corporal) y presión arterial.

El objetivo primario fue la determinación de la incidencia de distintos eventos relacionados con enfermedad cardiovascular: hospitalización por infarto agudo de miocardio, by-pass coronario, angioplastía (cateterismo), accidente cerebrovascular, insuficiencia cardíaca y mortalidad relacionada. A lo largo de la observación (7,2 años), se registraron 223 eventos cardiovasculares de los cuales 63 resultaron fatales. De acuerdo al método estadístico empleado, aquellos individuos identificados como portadores de estrés psicológico, presentaron un aumento del 54% del riesgo cardiovascular en comparación a aquellos que no manifestaban tales alteraciones en el GHQ-12. Ahora bien, con la incorporación al modelo matemático del resto de los potenciales mediadores o factores de riesgo identificados, esta asociación se veía debilitada. Son estos datos los que dan magnitud al estudio. Los investigadores observaron que los hábitos y comportamientos de riesgo, incluyendo tabaquismo, sedentarismo, consumo de alcohol, etc. explicaban un 65% del riesgo incrementado en esta asociación. Más aún, otro 19% resultó atribuible a factores de riesgo fisiopatológicos como ser hipertensión y niveles elevados de proteína C reactiva.

Aquellos pacientes que padecen estrés psicológico, presentan mayores tasas de tabaquismo y sedentarismo. Estos dos factores de riesgo, justifican por sí solos la mayor parte del incremento del riesgo cardiovascular en pacientes estresados. Del mismo modo, el consumo de alcohol y niveles de proteína C reactiva presentan una pequeña influencia sobre esta asociación.

Las conclusiones de este trabajo echan luz sobre los mecanismos implicados en la relación entre el estrés psicológico y el aumento de enfermedad coronaria. Una vez más, los factores de riesgo tradicionales y ampliamente conocidos resultan los responsables en una inmensa mayoría, de los eventos cardiovasculares. Tanto es así, que estas observaciones ya habían sido estudiadas en pacientes con depresión en donde los resultados fueron similares. El tabaquismo, el sedentarismo y otros hábitos, sumados hipertensión explican ampliamente el porqué de esta relación. Finalmente, los autores sugieren como parte de un programa de prevención destinado a la disminución del riesgo cardiovascular en estos pacientes, la terapia multidisciplinaria jerarquizando la actividad física, el cese tabáquico, y otras modificaciones en el estilo de vida de gran impacto.

 

Hamer M, Molloy GJ, Stamatakis E.
Revista: J Am Coll Cardiol. 2008;52:2156-2162.
Link Original:
content.onlinejacc.org/cgi/content/abstract/52/25/2156