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La influenza humana es una enfermedad de las vías respiratorias causada por un virus extremadamente contagioso que puede mutar o cambiar en el tiempo favoreciendo la existencia de varios subtipos. Aparentemente existen tres variantes de influenza (A, B, C) de las cuales sólo los tipos A y B pueden infectar al ser humano. Esta enfermedad tiene un inicio súbito que se caracteriza por la presencia de fiebre, dolor de cabeza, dolores musculares y articulares intensos, cansancio excesivo, lagrimeo, dolor de garganta y tos. Casi siempre los afectados pueden identificar el momento justo cuando la enfermedad comienza a desarrollarse..
La enfermedad de la influenza se contagia fácilmente de persona a persona a través de las secreciones de nariz y boca cuando tosemos, estornudamos, hablamos, cantamos, etc; pero también por contacto directo a través de las manos y los besos. Aunque esta enfermedad puede atacar a personas de todas las edades casi siempre los más afectados son los niños y los ancianos cuyos sistemas de defensa no se encuentran en óptimas condiciones. El virus de la influenza es más frecuente durante el paso del otoño y el invierno cuando las temperaturas descienden, se estima que ante una epidemia esta enfermedad podría recorrer el mundo en un periodo de tiempo de 3 a 6 meses.
Resulta importante poder diferenciar entre un resfriado común y la influenza. Si bien es cierto que ambas son enfermedades respiratorias agudas y tienen síntomas comunes, el microrganismo que causa la Influenza es diferente al que causa el resfriado o gripe común. En este sentido, el diagnóstico de influenza se realiza mediante la identificación del virus en secreciones de nariz o laringe durante las primeras 24-72 horas de iniciada la enfermedad, o mediante el estudio de sangre para identificar anticuerpos.
Lamentablemente, la influenza es causada por un tipo de virus que no cuenta con tratamiento específico, sino solo algunos medicamentos que hacen la enfermedad más soportable, acortando y disminuyendo los síntomas; por ello, la prevención resulta fundamental. En los últimos brotes de influenza humana, tanto la información pública como los consejos de distintos expertos, se limitan esencialmente al uso de preparados farmacéuticos y vacunas como la primera estrategia para la prevención y la terapia. Esta vacuna ha sido referida como la mejor forma de prevenir la influenza, se prepara cada año considerando los tipos de virus circulantes en el mundo y según la Organización Mundial de la Salud (OMS) debe aplicarse a toda la población antes de la temporada invernal, sin embargo, existen grupos de riesgo prioritarios como son los pacientes con enfermedades respiratorias, metabólicas, cardiovasculares, al igual que todos los mayores de 65 años.
Hablar de prevención se vuelve más interesante cuando se considera el factor nutrición. Mientras los preparados farmacéuticos están siendo promovidos, al mismo tiempo los beneficios de la suplementación nutricional y una correcta alimentación como base de la inmunidad y la resistencia efectiva contra diversos agentes infecciosos son obviados en gran medida. Gracias a los nuevos descubrimientos de la ciencia, se sabe que un correcto estado de nutrición puede determinar el mayor o menor riesgo de padecer enfermedades como la influenza.
La secretaria de salud de nuestro país recomienda consumir frutas y verduras ricas en vitaminas A y C como zanahoria, papaya, guayaba, frutos cítricos como la naranja y el limón entre otras fuentes ricas en estos nutrientes. Sin embargo, además de la alimentación diaria, otra buena alternativa para satisfacer las demandas del organismo es el consumo de suplementos alimenticios a base de vitamina C como la Acerola Pronat, que aporta alrededor de 1 gramo de ácido ascórbico por dosis diaria recomendada. Quizás sea preciso recordar que la vitamina C puede prevenir el desarrollo de algunas enfermedades del aparato respiratorio como las ocasionadas por ciertos virus y bacterias. Además, la vitamina C es necesaria para mantener en estado óptimo el sistema de defensa del organismo y de acuerdo a recientes investigaciones, juega un papel fundamental en la reducción de la multiplicación del virus de la influenza en un 50% aproximadamente.
En este mismo sentido, la vitamina A, que podemos encontrar en productos como el Aceite de Hígado de Bacalao Pronat, es también muy benéfica sobre el sistema inmunológico al incrementar el número de las defensas del cuerpo. La vitamina A, además de su acción antioxidante, mantiene integras y saludables las mucosas del cuerpo como las pertenecientes al aparto respiratorio. Desde esta perspectiva, la suplementación con ambos nutrimentos constituye un medio práctico y efectivo para prevenir la influenza.
Si bien es cierto que estos nutrimentos están demostrando utilidad con respecto a la influenza, se ha observado que su efectividad puede ser aumentada si se combinan con otros nutrientes en una fórmula sinérgica. Aunque los datos son preliminares, los polifenoles del té verde, el cobre, el manganeso y el selenio, pueden intervenir en la capacidad del virus de replicarse y esparcirse una vez dentro del cuerpo humano. Por último, el hecho que antigripales tradicionales como la vitamina C resulten efectivos en la prevención y tratamiento de la influenza hace pensar en la necesidad de estudiar otros remedios naturales como el PROPOLEO, el POLEN DE FLORES y los concentrados de AJO. Algunos expertos piensan que éstos últimos serían de gran utilidad para minimizar los síntomas de la enfermedad.
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