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Lo que plantea este artículo es más que interesante. Históricamente la incidencia de cáncer de mama ha sido significativamente más elevado (entre cuatro y siete veces) entre las mujeres de Estados Unidos con respecto a sus pares asiáticas. Ahora bien, cuando las mujeres asiáticas migraron hacia los Estados Unidos, la tasa de incidencia se ha ido incrementando con el paso de las generaciones hasta casi igualarse en la actualidad. Por este motivo, es que diversos investigadores han intentado identificar algún factor ambiental o bien componente de la dieta que explique este fenómeno. Entre los factores modificables postulados, la variación en el consumo de la soya parece tener suficiente peso de protagonista.
El estudio en cuestión, evaluó a mujeres descendientes de padres chinos, japoneses y filipinos que vivían en las ciudades estadounidenses de San Francisco, Oakland, Los Ángeles o Hawai. Se incluyeron 597 mujeres con cáncer de mama y a 966 sanas. En el caso que las respectivas madres de dichas mujeres vivan en los Estados Unidos, los investigadores entrevistaban a las madres para determinar la frecuencia en el consumo de soya durante la infancia.
Los autores dividieron y reagruparon a las participantes en grupos de acuerdo al consumo de soya durante la infancia y adolescencia y compararon los grupos extremos, es decir las que consumieron más contra las que consumieron menos. Lo destacable de los resultados es que un consumo elevado de soya la infancia se asoció con un 58% menos de cáncer de mama. Un nivel elevado de consumo de soya en la adolescencia y los años adultos se asoció con entre un 20% y un 25% de reducción en el riesgo. Un dato paralelo es que en el 73% de las pacientes el diagnóstico se realizó previo a la menopausia.
Las diferencias en el consumo de soya y, por ende en las tasas de cáncer de mama, se explicarían por fenómenos culturales que llevan a un temprano y mayor consumo de este vegetal que podría ser en sí mismo protector.
Lo que queda por delante es esclarecer el mecanismo que explique esta asociación. A priori, se estima que el contenido de ISOFLAVONAS DE LA SOYA, al poseer propiedades estrogénicas, podría incidir en el tejido mamario produciendo modificaciones beneficiosas.
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